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REMORDIMIENTO

REMORDIMIENTO
El verdadero remordimiento es excesivamente raro. Más allá del bien y del mal.
Los fanáticos no tienen remordimientos de la conciencia moral, sino remordimientos de la conciencia intelectual; se vengan en todos los que piensan de otro modo que ellos, por el hecho de que ellos mismos, en el fondo y secretamente, y bajo un rencoroso sentimiento de dolor, piensan de otro mo-do. Tratados filosóficos.
No deis nunca libre curso al remordimiento, sino decíos: “Esto sería añadir una segunda tontería a la primera.” Si se ha hecho el mal, es preciso pensar en hacer el bien. Si se es castigado por una mala acción, hay que sufrir la pena con el sentimiento de que así se hace una cosa buena; de este modo se impide, con el ejemplo, que otros incurran en la misma locura. Todo malhechor castigado debe considerarse corno un bienhechor de la humanidad. Humano, demasiado humano.
El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería. Humano, demasia-do humano.
¡No debemos ser viles ante nuestros propios actos! No debernos ponerlos en jaque. El remordimien-to es cosa inconveniente. El ocaso de los ídolos.
RENACIMIENTO
El Renacimiento italiano ocultaba en sí todas las fuerzas positivas que debemos a la civilización mo-derna; por ejemplo, emancipación del pensamiento, desprecio de la autoridad, triunfo de la cultura sobre el orgullo del abolengo, entusiasmo por la ciencia y el pasado científico de los hombres, libera-ción del individuo, calor de pensamiento veraz y aversión por la apariencia y la simple fachada (calor que se manifestaba en una multitud de caracteres artísticos, que, con pureza de gran elevación mo-ral, exigían de sí mismos la perfección de sus obras, y nada más que la perfección); es más, el Re-nacimiento poseía fuerzas positivas que, en nuestra civilización moderna, no han llegado “hasta aho-ra” al mismo grado de desarrollo.
Humano, demasiado humano.
REPRESALIA
No se mata con la cólera, sino con la risa. Así habló Zaratustra.
Conmigo no hay nada que “zanjar”. Yo tomo el desquite. Ecce homo.
… En mí el atacar es una prueba de benevolencia, y en ciertos casos, de reconocimiento. Yo hago honor, yo concedo una distinción por el hecho de ligar mi nombre al de una persona o una cosa: y poco me importa que lo haga para aprobar o para combatir. Ecce homo.
REPUTACIÓN
¿Quién no se ha sacrificado ya a sí mismo por su buena reputación? Más allá del bien y del mal.
Lo que nosotros sabemos de nosotros mismos y lo que guardamos en la memoria, para la felicidad de nuestra vida, no es tan decisivo como se cree. Llega un día en que lo que los demás saben de nosotros (o creen saber) cae sobre nosotros, y entonces reconocemos que aquello es lo más pode-roso. Nos libramos mejor de nuestra mala conciencia que de nuestra mala reputación. El eterno re-torno.
RESENTIMIENTO
El resentimiento nacido de la debilidad no es nocivo más que a los seres débiles. Ecce homo.
El hombre que ha acumulado mucho veneno dentro de sí, es siempre de admirar cuando atraviesa tiempos de grandes emociones y no tiene una repugnancia sistemática por lo “grande”. Tratados filosóficos.
RESPETO
El que ha perdido el respeto de sí mismo no sabe ya mandar ni conducir. Más allá del bien y del mal.
El respeto mismo es una pasión, así como el vituperio. Por el respeto, las pasiones se convierten en virtudes. Filosofía, general.
REVOLUCIÓN
Las opiniones nunca han derribado nada; pero en todas las demoliciones han surgido libremente opiniones que hasta entonces habían estado oprimidas. Tratados filosóficos.
Nada más terrible que un pueblo bárbaro de esclavos que ha aprendido a considerar su existencia como una injusticia y se prepara para tomar venganza, no solamente en su nombre, sino en nombre de las generaciones venideras. El origen de la tragedia.
Cuando las masas comienzan a batirse con furia y la razón se oscurece, bueno será, en caso de no estar lo suficientemente seguro de la salud de su espíritu, refugiarse en un portal y esperar a que pase la tormenta. Humano, demasiado humano.
En la moral se opera constantemente un trabajo de transformación; los “crímenes afortunados” son la causa de esta transformación. Aurora.
Hay que recordar muchas de las calumnias que cayeron sobre todos los que con sus actos rompie-ron la autoridad de una costumbre: generalmente se les llamó criminales. Todos los que echaron abajo la ley moral establecida han sido considerados siempre como “hombres malos”; pero cuando no se llegó a restablecer esta ley y se aceptó el cambio, el atributo se trasformó poco a poco; la his-toria trata casi exclusivamente de estos hombres malos, que, más tarde, fueron llamados “buenos”. Aurora.
Lo que hace falta no son nuevos repartos por la violencia sino transformaciones graduales; es preci-so que el sentimiento de la justicia se refuerce en todos y se debilite el instinto de la violencia.
Humano, demasiado humano.
Del mismo modo que se ha representado, a la plena luz de los tiempos modernos, la Revolución francesa, esta horrible farsa, superflua si se la mira de cerca, en la que, sin embargo, espectadores nobles y entusiastas esparcidos por toda Europa han creído ver de lejos la realización de su largo ensueño apasionado, sueño de rebeldía y de entusiasmo “hasta que el texto desapareció bajo la interpretación” del mismo modo podría suceder que una noble posteridad interpretase mal otra vez todo el pasado y que hiciese as! soportable el aspecto de éste.
Más allá del bien y del mal.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN
El que reflexiona en la tarea que ha realizado durante el día o durante toda su vida, cuando la ha terminado y se siente cansado, se entrega generalmente a consideraciones melancólicas; pero esto no depende del día ni de la vida, sino de la fatiga. En el trabajo fecundo no nos detenemos a juzgar de la vida y de la inteligencia, como tampoco mientras gozamos; pero si por ventura lo hacernos, ya no damos la razón al que espera al séptimo día para descansar, para encontrarlo bien todo: ha deja-do pasar el “mejor” momento. Aurora.
RELIGIÓN

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PODER

PODER
Nosotros honramos y defendemos toda asamblea de poderes, porque esperamos heredarla los sa-bios. Querernos asimismo ser los herederos de la moralidad después de haber destrozado la moral.
Tratados filosóficos.
Hoy día los pequeños se han hecho los amos. Así habló Zaratustra.

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