QUEJA

QUEJA
Es preciso exhibir la desgracia, quejarse de vez en cuando de manera que todo el mundo nos oiga impacientarnos de una manera visible; pues si los demás se enterasen de que nuestra alma está tranquila y es feliz a pesar de nuestras privaciones y de nuestros dolores, los hayamos envidiosos y malvados. Es preciso que tengamos cuidado de no hacer peores a nuestros semejantes; además, si supieran que somos felices, nos cargarían de contribuciones; de suerte que nuestro sufrimiento pú-blico es ciertamente también para nosotros una ventaja privada. Humano, demasiado humano.


Nadie acusa sin la intención de castigar o de vengarse, y lo mismo sucede cuando acusamos a nues-tro hado o nos acusamos nosotros mismos. Toda queja es acusación, todo gozo es alabanza; ya hagamos lo uno o lo otro, siempre buscamos un responsable. Humano, demasiado humano.
El que se queja no se quiere confesar cuán útil le ha sido el dolor.
En esto se muestra su instinto de venganza: quiere hacer daño con palabras y ejercer su poder sobre aquel que le hirió. Filosofía general.
¿No es crueldad hacer participes a los demás de nuestras inquietudes y tormentos, que ellos no su-fren, y sólo para hacérselos sufrir? Tratados filosóficos.
La “razón superior” en la queja es que el hombre profundiza cada vez más en el dolor: que no le deja pasar bastante deprisa, porque de él saca elementos para la escultura de sí mismo. Filosofía gene-ral.
RAZÓN
Si la humanidad se hubiera regido realmente por su razón, es decir, por lo que sabe y cree, pronto hubiera sucumbido. La razón es un órgano auxiliar lentamente desarrollado que durante un enorme período de tiempo ha tenido, por fortuna, poca fuerza para determinar al hombre, que trabajaba al servicio de los instintos orgánicos y se emancipa lentamente, equiparándose a ellos; de modo que la razón (opinión y saber) lucha con los instintos como un instinto nuevo, y más tarde, mucho más tar-de, adquiere el predominio. Tratados filosóficos.
Sería muy hermoso atenerse a la razón si hubiese “una” razón.
Pero la tolerancia tiene que hacerse tributaria de “su” razón, de sus debilidades; y no son las demos-traciones y las refutaciones las que deciden: son las inclinaciones y aversiones del gusto. Los perse-guidores no han sido ciertamente menos lógicos que los librepensadores. Tratados filosóficos.
El culto del sentimiento fue erigido en lugar del culto a la razón.
Aurora.
RECIBIR
Más difícil es dar bien que tomar bien; que dar bien es un “arte” y la más ingeniosa muestra de bon-dad. Así habló Zaratustra.
RECUERDO
Tampoco tengo ya alegría, a no ser la alegría de los recuerdos.
Así habló Zaratustra.
El que no sabe dormirse en el dintel del momento, olvidando todo el pasado; el que no sabe erguirse como el genio de la victoria, sin vértigo y sin miedo, no sabrá nunca lo que es la felicidad y, lo que es peor, no hará nunca nada que pueda hacer felices a los demás.
Consideraciones intempestivas.
El hombre activo, mezclado con los desocupados, con los débiles y con los desesperados, entre los compañeros ocupados solamente en apariencia, pero que no hacen más que agitarse y debatirse, tiene necesidad de mirar detrás de él, para no desesperarse y hastiarse.
Consideraciones intempestivas.
Si hay una ley inflexible aplicada a todas las cosas, la de que el que es amado de los dioses debe perecer pronto, es igualmente cierto que es para vivir luego eternamente con los dioses. El origen de la tragedia.
Es importante que la fuerza estimulante de un hombre perdure después de su muerte por sus obras o por la leyenda que se forme de su vida; en esto deben meditar aquellos que en su tiempo no ejer-cieron ningún influjo. Tratados filosóficos.
Que en vuestra muerte brillen todavía vuestro espíritu y vuestra virtud como amaneceres de la tierra; sino, habréis fracasado en la muerte. Así habló Zaratustra.
Cuando soñamos con los muertos o con los largos tiempos olvidados, es señal de que en nosotros se opera una gran transformación y que el suelo que pisamos ha sido profundamente excavado; entonces los muertos resucitan y lo que era antiguo vuelve a ser nuevo. Humano, demasiado huma-no.
El verdadero epitafio para un muerto es un tardío suspiro de pesar. Humano, demasiado humano.






Fatal error: Call to a member function pinta_enlaces_horizontal() on a non-object in /home/ismache/public_html/NIETZSCHE/wp-content/themes/k2/footer.php on line 1