MAYORÍA
El Público no es más que una palabra, y de ningún modo un valor siempre igual y constante en sí. ¿Por qué había de verse obligado el artista a someterse a un poder que no trae su fuerza más que del número? El origen de la tragedia.
MÉDICO
Para que se pueda considerar hoy a un médico poseedor de una perfecta cultura intelectual, no bas-ta que conozca los mejores métodos modernos y que los haya ejercitado sabiendo hacer rápidas inferencias de los efectos a las causas, que es lo que da celebridad a los diagnósticos; necesita además de esto, esa elocuencia que también sabe adaptarse a cada individuo y que fortalece el ánimo de los enfermos; aquella virilidad que disipa la timidez (polilla de todo enfermo), una cierta flexibilidad diplomática en las relaciones con los que necesitan alegría para curarse y los que deben (y pueden) hallar un goce en las causas de salud, toda la ingeniosidad de un agente de policía y de un procurador para averiguar los secretos de un alma sin revelarlos; en suma: el médico perfecto necesita hoy utilizar todos los procedimientos y todas las artes de las demás profesiones. Humano, demasiado humano.
Un enfermo vive más despreocupado cuando tiene un médico que cuando él mismo se ocupa de, su salud. Aurora.
MEDIOCRIDAD
Guardarse de la mediocridad. ¡Antes la muerte! El ocaso de los ídolos.
Yo enseño: el rebaño trata de conservar un tipo y se defiende contra las dos tendencias contrarias, tanto la degenerativa, como la evolutiva. La tendencia del rebaño se dirige hacia la tranquilidad y la conservación, no hay nada creador en él. La voluntad de dominio.
¿Cómo se podría inducir a los mediocres a renunciar a su mediocridad? Yo, como se ve, hago lo contrario: yo enseño que todo paso para alejarse de aquélla conduce a la inmoralidad. El ocaso de los ídolos.
Si las cosas marchasen conforme a mi voluntad, sería tiempo de declarar la guerra a la moral euro-pea, y a todo lo que de ella deriva; deberíamos despedazar la presente organización de los pueblos y de los Estados de Europa. La mentalidad democráticacristiana favorece al animal de rebaño; el em-pequeñecimiento de¡ hombre debilita las grandes plumas maestras; odia la constricción, la dura dis-ciplina, las grandes responsabilidades las grandes audacias. Los más mediocres se aprovechan y establecen sus medidas de los valores. Ecce homo.
Schopenhauer deseaba que se castrase a los bribones y se encerrase en conventos a los gansos: ¿desde qué punto de vista debería ser esto apetecible? El bribón tiene sobre muchos hombres la ventaja de que no es una medianía; y el estúpido tiene sobre nosotros la ventaja de que no sufre a la vista de la mediocridad. El ocaso de los ídolos.
La mediocridad es la más feliz de las máscaras que puede usar un espíritu superior, porque el gran número, es decir, los mediocres, no sospechan que en ello haya engaño; y, sin embargo, por esto es por lo que se sirve de esta arma el espíritu superior: para no irritar, y, en casos no raros, por compa-sión y bondad. Humano, demasiado humano.
Es necesaria una declaración de guerra de los hombres superiores a la masa. Por todas partes, la mediocridad se coliga para hacerse el ama. Todo lo que reblandece, suaviza, valoriza al “pueblo” o a lo “femenino” obra a favor del sufragio universal, o sea del dominio de los hombres inferiores. Pero nosotros queremos ejercer represalias y sacar a luz y llevar ante el tribunal toda esta economía.
El ocaso de los ídolos.
A los débiles no les es lícito conocer: los decadentes tienen necesidad de la mentira, ésta es una de las condiciones de su conservación. Ecce homo.
MEMORIA
El que no sabe dormirse en el dintel del momento, olvidando todo el pasado; el que no sabe erguirse como el genio de la victoria sin vértigo y sin miedo no sabrá nunca lo que es la felicidad, y, lo que es peor, no hará nunca nada que pueda hacer felices a los demás.
Consideraciones intempestivas.
He aquí lo que yo he hecho dice mi memoria. “Yo no he podido hacer esto” dice mi orgullo, que per-manece inflexible. Y, en último término, la memoria es la que cede. Más allá del bien y del mal.
Cuando más fuertes raíces posee la conciencia interior de un hombre, mejor se adueñará de las par-celas del pasado.
Consideraciones intempestivas.
La ventaja de la mala memoria es que se disfruta varias veces de las mismas cosas por primera vez. Humano, demasiado humano.
MENDIGO
El mendigo está lejos de experimentar su miseria con tanta intensidad como finge sentirla si quiere vivir de la mendicidad.
Humano, demasiado humano.
Es preciso suprimir los mendigos, pues nos molestan cuando no les damos limosna y nos molestan también cuando se la damos.
Aurora.
MENTIRA
Confesar que la mentira es una condición vital, eso es, ciertamente, oponerse de peligrosa manera a las evaluaciones habituales; y le bastaría a una filosofía osarlo para colocarse, por este solo hecho, más allá del bien y del mal. Más allá del bien y del mal.
La bestia que hay dentro de nosotros quiere ser engañada. la moral es necesidad de mentira. Filoso-fía general.
La incapacidad de mentir está aún muy lejos del amor a la verdad. Así habló Zaratustra.
Para mentir hace falta más espíritu y más voluntad. El ocaso de los ídolos.
La mentira es, sino la madre, por lo menos la nodriza de la bondad. Aurora.
La mentira más común es aquella con la que nos engañamos a nosotros mismos; mentir a los demás es relativamente el caso excepcional. El ocaso de los ídolos.
El impostor termina, al fin, por creer de buena fe en su veracidad. Humano, demasiado humano.
Pensar que hacemos daño cuando no decimos la verdad es inocente. Si el valor de la vida consiste en disponer de errores bien creídos lo nocivo será decir la verdad. Filosofía general.
Lo que nos hace más felices que los animales son los grandes falseamientos y las grandes interpre-taciones. Filosofía general.
Las naturalezas vivas no mienten más que por un momento; pero en ese momento se mienten a sí mismas y se quedan convencidas conservando así su honradez. Aurora.
El imaginativo niega la verdad ante sí mismo; el mentiroso, únicamente ante los demás. Humano, demasiado humano.
Los hombres huyen del embustero, no tanto por el embuste mismo, como por el perjuicio que éste les ocasiona; en este grado, odian en el fondo, no el engaño, sino las consecuencias perniciosas de cierto género de engaños. El origen de la tragedia.
“Estoy anonadado, no porque me hayas mentido, sino porque ya no puedo creerte. Más allá del bien y del mal.” MIEDO
Sólo tiene corazón el que conoce el miedo, pero que domina el miedo; el que ve el abismo, pero con “altivez”. Así habló Zaratustra.
El hombre temeroso no sabe lo que es estar solo: detrás de su silla hay siempre un enemigo. Aurora.
Las tres cuartas partes de lo que se hace mal sobre la Tierra se hace por miedo. Aurora.
El miedo ha hecho avanzar el conocimiento general de los hombres más que el amor, pues el temor nos hace adivinar quién es el otro y lo que sabe y lo que puede; si en tal caso nos engañásemos, nos crearíamos un peligro o nos haríamos un daño. Por el contrario, el amor nos inclina a ver en el próji-mo cosas bellas, o bien a elevarle cuanto podemos. Aurora.
Aquellos sabios superficiales y estultos que son bastante desvergonzados para sentirse “espíritus libres” consideran como cobardía o traición a la verdad, como debilidad de la voluntad todo lo que constituye la enfermiza historia de los hombres superiores: aquel subordinarse, aquel tener miedo de sí mismo. Filosofía general.
Sin temor y sin codicia, ¿qué sería del hombre? Tratados filosóficos.









